Madrid

Su pelo castaño claro está suelto y le falta brillo pero aún así reposa sobre sus hombros como si tuviera algún derecho de estar ahí.
Viste un vestido rojo gastado de tirantes con escote en V y mira por la ventana hacia la tranquila parte de la ciudad en la que se encuentra. Hay una luz que ilumina su rostro pero no sé si proviene de la calle, de la Luna o de ella misma. Pero no importa porque dudo que ella se de cuenta de lo que está irradiando.
¿Es emoción? ¿Expectativa? ¿Ilusión ante la promesa de algo nuevo que, incluso con su escasa experiencia y pocos años de vida, la obliga a sentirse completamente rejuvenecida?
Me desespero, que alguien me explique.
¿Qué es ese brillo en sus ojos que no hace más que duplicar su resplandor cada vez que su mirada se dirige de reojo al rincón de aquella pequeña habitación de hotel, donde se encuentra él?
Él, que al igual que ella, cumple con las funciones básicas del ser humano, como respirar o parpadear, pero que no es consciente de la explosión (revolución) de emociones que ellos mismos liberan, que bailan amontonadas por toda la habitación. Emociones insatisfechas e indignadas por semejante restricción de espacio, que solo quieren salir salir salir.
¡Déjenlas salir antes de que se sofoquen!
¡Déjenlas salir antes de condenarlas!
Antes de que el sentido común los haga cuestionarse todo y las emociones se esfumen.
Como el humo de su cigarrillo, 
que tardó en decidir si fumar o no
porque no sabía qué pensaría ella al respecto.
Ja.
Me desespero, que alguien les explique.
Que alguien los agarre por los hombros y les grite al oído:

"Por favor, por una vez en su vida,¡mírense a los ojos, en vez de mirar por la ventana!"

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